Pereza

César Raúl González Bonilla

«La pereza es una forma lenta de filosofía.»

Ya dieron las siete en mi apartamento;
la vida, hace rato, se filtró de nuevo.
La luz melindrosa llena cada esquina,
y abajo, la calle es un hormiguero.

Desde muy temprano, en la madrugada,
cada quien persigue su diario sustento.
Suben al transporte llevando por carga
bloques de congojas y de aspiraciones.

Todas mis neuronas son electricistas:
buscan los enchufes, hacen conexiones.
Paulatinamente ceso de estar muerto;
vienen los sentidos, gana la consciencia.

¿Qué si doy las gracias por otra mañana?
¿Qué si miro al cielo con mucha esperanza?
No digo plegarias ni tiene importancia,
pues lo trascendente se encuentra en la almohada.

El cerebro ordena y todos responden:
los riñones filtran, el hígado brega,
mi par de pulmones se llenan de aire,
mis músculos viejos se reportan listos.

Mi máquina cruje, pero desempeña;
el corazón jura que por hoy funciona
y, con entusiasmo, me mira y exclama:
—¡Levántate, hermano!, que el reloj avanza.

¡Caminemos juntos! ¡Hay tantos anhelos!
Construir castillos, descifrar misterios,
escribir historias, robar corazones,
conducir deseos de tantas voluntades.

Yo no digo nada, no quiero disgustos
con sus argumentos.
Solo son mentiras, exageraciones y cursilerías.

Con una sonrisa yo me doy la vuelta,
jalo mis cobijas
y, con un bostezo,
me duermo de nuevo.

En tono humorístico y entrañablemente humano, Pereza describe el despertar de un cuerpo que se resiste a la obligación de existir. Mientras los órganos recuperan su función y la ciudad se activa, el yo poético decide que la vida puede esperar un poco más. Entre la biología y la voluntad, el poema convierte el acto…

Identidad a las seis de la mañana

César Raúl González Bonilla

-¡Riiiiing…riiiiiing!

Suena el teléfono de la misma manera que llora un lactante cuando demanda el pecho de su madre, con ese timbre implacable que se hace espacio a través el frío, para viajar por el silencio del amanecer y penetrar los oídos en la penumbra del cuarto. Suena una y otra vez pero apenas de me despierta. Hace tiempo que no tengo que levantarme para preparar biberones, por fortuna ya pasé por ahí y ahora puedo disfrutar el pequeño placer de levantarme tarde los sábados.

El invierno ya se hizo adulto y hoy es el día más frío del año. El sol seguramente llegará tarde o se reportará enfermo. Sin abrir los ojos saco la mano de entre las cobijas, estiro el brazo, a tientas encuentro el auricular y lo llevo a mi oreja. Obnubilado digo ¿bueno?….y espero en silencio dos o tres segundos que me llevan de nuevo rumbo al sueño.

– ¿Eres tú?

Me pregunta una voz femenina. Apenas despierto refecciono que dormir es ensayar la muerte; en consecuencia, despertar es renacer, reencarnar todos los días en el mismo cuerpo. Hago un ligero inventario de mis funciones vitales y recorro las partes de mi cuerpo: respiro, mi corazón late, estiro una pierna y luego un brazo. Sin duda sigo vivo, aunque entre despierto y dormido.

– Sí, sí soy.

La voz femenina, que aparenta ser de una mujer joven y dulce con la sensualidad de la tristeza, parece no creerme y duda.

– ¿ Pero….sí eres tú?

Su incredulidad me deja perplejo. Me falta el apéndice y unas piezas dentales, pero no creo sea suficiente como para haber perdido la identidad. Una persona con trasplante de corazón sigue siendo la misma. Por otro lado el ente que construyó el Dr. Frankenstein tenía ese problema de identidad. Sus órganos provenientes de personas buenas entraron en conflicto con los procedentes de personas malas.

-Si, creo que sí.

– ¿ Pero….sí eres tú, tú?

Ahora no estoy tan seguro porque aunque los humanos nos negamos a cambiar, sin duda cambiamos con los años. Mi cuerpo ha envejecido, tengo hipertensión y piedras en los riñones, pero en esencia sigo siendo el mismo niño de hace cuarenta años, con los mismos temores y las mismas ilusiones.

-Ajá, sí.

-No, no, dime la verdad ¿sí eres tú?

Supongo que eso depende de quién es tú, porque yo soy yo, o eso me parece. A menos que mi superyó haya dejado mi cuerpo por la noche, porque si se fue, yo ya no soy el mismo. A lo mejor se cansó de discutir con mi yo. Entre los dos siempre están tratando de gobernar mi vida, aunque lo bueno es que la mayoría de las ocasiones yo no me doy cuenta de sus decisiones. Quiero dormir otro poco pero me asaltan más preguntas. Quién o qué era esa voz femenina, acaso la voz de mi conciencia, mi superyó que ahora quiere comunicarse conmigo de una manera más moderna y más directa. Me inquieta un poco que sea una figura femenina, a lo mejor es mi lado obscuro y desconocido.

-Pues es que sí, soy yo. Eso supongo.

La voz femenina comienza a sollozar. Escucho como ruedan las lágrimas por su rostro y se filtran por la nariz. Insiste una vez más desconsolada.

– ¿Eres tú?

 

Me pregunto sobre mi capacidad de ponerme en los zapatos de los otros, de ser tú. Soy yo en función de ser tú, de sentir lo que sienten los demás y ejercer el difícil oficio de la empatía. No me considero narcisista o psicótico.

-Sí, si soy tú, un poco.

La voz femenina guarda silencio y deja de sollozar. No dice nada, pasan los segundos, tal vez hasta contar un minuto y cuelga. Ahora sólo escucho el tono entrecortado característico de las llamadas ocupadas…..biiiip….. biiiip….. biiiip….. biiiip….

Acomodo mi almohada y me invade la curiosidad mezclada con el sueño. En esta realidad cuántica donde los universos infinitos brotan como palomitas de maíz en una olla al fuego, nacen, crecen, se desarrollan y mueren, donde todo es imposible y posible gracias a la anarquía del azar, cuántos yo mismo -y no otros yos- hay, hubo o habrá que les hable por teléfono la voz femenina de su conciencia para cuestionarles si son yo o tú.

 

El cazador de pesadillas

César Raúl González Bonilla

El sueño es la trampa perfecta

El cazador de pesadillas estaba perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado en otro sueño.