Pregunta siete

Cesar Raúl González Bonilla

“Donde muere la luz, germina la obscuridad”

El pasillo se tragará tus pasos sin retorno,

con tu espalda convertida en despedida.

Te fundirás en las sombras de la calle

y el sonido de tus pasos será eco de reproches.

Analizaré -entonces- mis errores,

reconstruiré los fragmentos de mi núcleo,

viviré el duelo como oficio cotidiano

y el experimento transitorio de la vida.

¿Será hondo el abismo de la ausencia?

Si logro evaporar los residuos corrosivos

aunque queden huellas de fantasmas;

me embriagaré con breves horizontes

y encontraré mi nuevo amanecer en el ocaso.

El poema transita de la despedida dolorosa hacia una introspección que convierte el duelo en oficio cotidiano. Entre pasillos que devoran pasos, sombras y reproches, el yo lírico busca disolver la corrosión de la ausencia. Finalmente, halla una paradoja vital: un nuevo amanecer en medio del ocaso.

Fractales

César Raúl González Bonilla

“Mi conciencia es como un fractal”

Geometría de infinitas redundancias,

repeticiones cíclicas que atrapan,

espiral monótono que aturde.

Entre más me alejo

me encuentro más profundo:

adentro es el vacío,

a la distancia, las sombras.

Estoy despierto

porque quiero seguir soñando,

respiro en círculos concéntricos,

inconsciente en la luz de la parábola.

Soy creyente:

temo al diablo que me acecha,

y me niego a creer

porque Dios necesita tiranía.

Desmantelo pieza a pieza,

el andamio de mis ilusiones.

Fragmentos de espejismos,

que conforman recursivas fantasías.

Místicos y sabios intransigentes

todo prometen porque nada tienen.

El clérigo vende la verdad cotidiana

de un edén inexistente

y el alquimista cuántico regatea la mentira

de un universo real, que nos desborda.

Tanto que quise ser,

lo que hoy tanto desdeño.

Tanto que quiero construir,

con tan poco tiempo venidero.

Lo único cierto es la agonía.

Un poema que explora la conciencia como geometría infinita: paradojas de adentro y afuera, vigilia y sueño, fe y negación. Con imágenes de fractales, sombras y espejismos, la voz lírica cuestiona certezas religiosas y científicas hasta desmantelar ilusiones, revelando una conclusión contundente: lo único cierto es la agonía.

Pregunta cuatro

César Raúl Gonzpalez Bonilla

        El futuro es de cristal

        Puedo vivir

        con poca sangre en las arterias;

        entre latidos discordantes

        y el torrente de sombras que me inunda.

        Me sostengo

        con lo poco que me queda,

        si el ahora se coagula en un instante,

        es el aire insuficiente en mis pulmones

        y el mañana se disuelve como bruma.

        Me abrazo a lo frágil de mi víscera

        con el pecho hundido y quebradizo,

        cuando se desbaratan mis costillas,

        si mi cuerpo es un mausoleo de cicatrices.

        Aún con un músculo herido

        que palpita a contraluz,

        cuando mi realidad se astilla como un vidrio,

        puedo asirme al hilo de lo frágil

        y demorar la emboscada concluyente.

        Existo si me pierdo en otro cuerpo,

        en las brasas antiguas

        que arden sólo en la memoria;

        cuando el eco de mi reloj vibra en la penumbra,

        pero si me falta lo esencial,

        ¿cómo vivir sin corazón?

        Un poema que explora la fragilidad del cuerpo y la persistencia de la vida pese a la ausencia del corazón. Entre sombras, cicatrices y la amenaza del tiempo que se quiebra, la voz poética se aferra a lo frágil, resistiendo el destino y dejando abierta la pregunta esencial: ¿cómo vivir sin corazón?

        El taller del artesano

        César Raúl González Bonilla

        El artesano trabajaba con materiales sencillos, imaginación y habilidad de manos. Era el mejor hacedor de demonios y su taller el más solicitado. Todas las noches, a la luz de una vela, puntada a puntada, confeccionaba demonios y fantasmas a la medida de los temores de los clientes. Luego los cosía a sus cuerpos y sombras con tal perfección que, los fantasmas solían morir  junto con el cadáver de sus dueños.  Una noche,  cierto demonio se desprendió de la sombra y  quedó solo entre los vivos. Lo invadió tal amargura que inconsolable vistió al artesano, lo tomó por cuello y juntos se perdieron en el fuego de la vela.

        El cazador de pesadillas

        César Raúl González Bonilla

        El sueño es la trampa perfecta

        El cazador de pesadillas estaba perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado perdido en la jungla de los sueños, cuando la obscuridad lo devoró por completo y despertó sobresaltado en otro sueño.