Cicatrices de vida

César Raúl González Bonilla

“El reloj avanza sobre nuestras cicatrices”

No es posible que el reloj gire a la izquierda,
–que las manecillas se detengan–,
corregir las torpezas de los días,
o enmendar los errores cometidos:
–pensar, decir, hacer–.

Al final, fuimos falibles;
hay una sombra que nos sigue en cada paso:
dudar, prometer, interpretar,
doblamos la realidad para que encaje.

Quién pudiese salir de la conciencia,
sin llevar el dolor que nos traspasa;
en cada aprendizaje, una fractura.

Somos la suma de remiendos,
un cuerpo y una mente
que se niegan a desistir,
el pulso que persiste y aprende.

Cada cicatriz escribe una palabra.

Pregunta cuatro

César Raúl Gonzpalez Bonilla

        El futuro es de cristal

        Puedo vivir

        con poca sangre en las arterias;

        entre latidos discordantes

        y el torrente de sombras que me inunda.

        Me sostengo

        con lo poco que me queda,

        si el ahora se coagula en un instante,

        es el aire insuficiente en mis pulmones

        y el mañana se disuelve como bruma.

        Me abrazo a lo frágil de mi víscera

        con el pecho hundido y quebradizo,

        cuando se desbaratan mis costillas,

        si mi cuerpo es un mausoleo de cicatrices.

        Aún con un músculo herido

        que palpita a contraluz,

        cuando mi realidad se astilla como un vidrio,

        puedo asirme al hilo de lo frágil

        y demorar la emboscada concluyente.

        Existo si me pierdo en otro cuerpo,

        en las brasas antiguas

        que arden sólo en la memoria;

        cuando el eco de mi reloj vibra en la penumbra,

        pero si me falta lo esencial,

        ¿cómo vivir sin corazón?

        Un poema que explora la fragilidad del cuerpo y la persistencia de la vida pese a la ausencia del corazón. Entre sombras, cicatrices y la amenaza del tiempo que se quiebra, la voz poética se aferra a lo frágil, resistiendo el destino y dejando abierta la pregunta esencial: ¿cómo vivir sin corazón?