Colisión cósmica

César Raúl González Bonilla

“La creación es el choque de los cuerpos que se buscan.»

Dos estrellas viajan por el universo,

errantes vagabundas.

Solas y perdidas cruzan sus caminos,

y el azar decide que se encuentren.

Destellos de luz por la misma vía,

hacia el mismo punto;

se curva el espacio,

-cuerpos que se inclinan-

y más aceleran, cuando más se acercan.

La explosión estalla con tanta violencia,

que se desintegran.

Giran los despojos en un torbellino,

se condensa el polvo y nace otra estrella.

En nuestro universo de lo cotidiano,

tu mirada tibia viaja distraída

y por buena suerte converge con la mía.

Se condensa el tiempo

cuando me seduces:

magnético espacio donde gravitamos

entre laberintos y la incertidumbre.

Las miradas chocan -estalla el deseo-,

y se vaporizan.

Sus cenizas danzan con delicadeza,

El temblor se extingue, regresa la calma.

El tiempo renace

cuando las miradas así se amalgaman

Colisión cósmica es una metáfora del encuentro entre dos seres que, como estrellas errantes, se atraen y transforman mutuamente. El poema transita del universo astral al humano, de la energía a la emoción: el espacio se curva, el tiempo se condensa y del impacto nace una nueva luz. Entre la física y el deseo, la…

El aroma del sándalo

César Raúl González Bonilla

No hay amor, sólo el aroma de los cuerpos

Tu cuerpo tiene el aroma del Sándalo.

Como el incienso que se posa distraído

te deseo por fiebre, por callar el mundo.

Quiero habitarte sin amor y sin afecto,

sólo por el gozo que viene del instinto.

Nos desgarraremos en silencio con los cuerpos

como bestias que no temen la mordida.

 En la sinfonía rota de la carne

dialogaremos sin temor y sólo con jadeos.

-convulsión, temblor y escalofrío-.

 Viajaré a través del perfume de tus pechos,

 Llegaré a respirar tu aliento entrecortado;

 viento tibio que persigue la agonía.

Te invito que juguemos a imaginarlo todo,

sin calendarios, sin espejos, sin permiso;

que las fantasías se acuesten con nosotros

sin dejar huellas, por si decides quedarte.

Podemos fingir que nos amamos,

 si logramos que parezca solo un juego.

El poema de César Raúl González Bonilla explora una intensa conexión física y sensorial entre dos cuerpos, desprovista de amor o afecto. A través de imágenes evocadoras, se invita a experimentar la intimidad como un juego sin ataduras, donde lo sensual y lo instintivo prevalecen sobre cualquier sentimiento romántico tradicional.

Lo que viene

Lo que viene
por César González Bonilla

No retorna lo que vuelve
o -tal vez- terminó ya de regresar

¿Cuándo será el tiempo de la ausencia;
con cuánta fuerza sus colmillos afilados
rasgarán mi carne?

¿En qué arista de la línea
-de arena y sílice-
se asoma apenas mi suerte
al filo de alguna telaraña?

Acaso estuvo ya por mi casa,
llegó sin darme cuenta
-eso que ha de llegar y que no llega-
recorrió los senderos de mis venas.

Veinte veces por minuto
-una vez en cada aliento-
espero…atraso…postergo
y me pregunto cómo vendrá lo decisivo;

¿Será una pesadilla que no puedo recordar,
alguna niebla vagabunda,
nómada confusión
en cierto rincón de mis pupilas?

Quizás es el dragón invisible en el pasillo,
el reptil retorcido que me acecha en la escalera,
un cuervo con lengua de recelo
o la muerte que habita en el ascensor de la oficina

Es la obscuridad que me persigue
en la cumbre de cada sonrisa
escondida detrás de un cubrebocas;

Pequeña tela empapada de saliva
-sudario y mortaja-
salpicado de suicidio;
germen y polen en la espuma del aire
que fermenta la sal de los pulmones

Veinte veces por minuto
-una vez en cada aliento-
giro en el remolino de la suerte
y los virus hacen acrobacias en el aire.

¿Cuándo podré salir de mi esfera
-anillo obligado de dos metros-
que me impuso el temor a lo que viene?

Hasta cuándo dejaré
de permanecer paralizado
si no llega lo que deba de llegar:

respiro inerte,
estoy muerto por completo
-a lo mejor no-cadáver todavía-

Queda entonces lo que resta;
respirar con cada aliento
-en esta muerte forzada-,
diferir el encuentro final
en el hilo de alguna telaraña.

Regresar a los años pequeños,
que mis despojos habiten la casa de la abuela
y jueguen con esferas de cristal
a la sombra de la higuera.

Que aniden las fantasías
en las cuencas desiertas de mis ojos;
al salir de la fosa
me espera el horizonte.

Lo que viene es un poema que respira con cada verso: un canto inquietante a la espera, al miedo y a la fragilidad que experimentamos durante la epidemia de COVID-19. Entre imágenes de dragones invisibles, virus danzantes y telarañas que amenazan el destino, César González Bonilla explora el abismo que se abre en cada aliento. Un viaje íntimo donde el recuerdo de la infancia y…