En lo pequeño

César Raúl González Bonilla

«Lo fundamental habita en un grano de arroz.»

Nunca puse interés en lo pequeño.

Lo minúsculo es tan volátil,

que se escapa entre los dedos.

Como lo ausente

se fueron, en un sólo parpadeo,

mis días enteros.

Estuve preocupado en atender lo trascendente,

escribir la biografía de las hormigas.

No escuché nada,

quizá porque nada quise escuchar

y nada vi con el nublado lente de mi lupa.

Permanece lo vacante;

del ocioso tejido del vacío

al estéril gris de los deseos.

Todo se evapora cuando la luz se aleja.

En En lo pequeño, César Raúl González Bonilla reflexiona sobre la fugacidad de lo minúsculo y la manera en que la vida se escurre entre los dedos sin que apenas lo notemos. Con un tono introspectivo y casi confesional, el poeta revela la negligencia hacia los detalles cotidianos y la obsesión por lo trascendente, que finalmente se disuelven en el vacío. El poema se convierte en un canto melancólico a lo efímero, a lo no visto, a esos instantes que se evaporan cuando la luz se retira y queda solo el silencio.

Desamor a mediodía

César Raúl González Bonilla

“Ya no te quiero. La vida contigo es como caer al vacío, creo que esto debe terminar”. Se lo dijo con frialdad porque era algo que los dos sabían. Se lo dijo sin rencor porque los sentimientos habían quedado atrás.  Estaban a punto de comer, pusieron la mesa sin cruzar palabras o miradas. El reloj se detuvo a la una y quince cuando un estruendo que brotaba desde el suelo los retornó de la ausencia. La fuerza del terremoto estremeció la pared, tiro vasos y jarrones. Se abrazaron con fuerza y trataron de avanzar hacia la puerta, cedieron entonces las losas y los dos cayeron al abismo. Los envolvió la obscuridad y quedó el silencio en los escombros. Y fue así como en ochenta segundos, la tierra decidió por ellos.

Violetas

César Raúl González Bonilla

Sangra la tierra
racimos de tristeza,
violetas rojas
 
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Este haiku evoca el dolor profundo de la tierra que sangra, transformando su herida en racimos de tristeza y violetas rojas. A través de una imagen natural y minimalista, el poema refleja la fragilidad de la vida y la belleza trágica que surge de la herida silenciosa de la naturaleza.