En lo pequeño

César Raúl González Bonilla

«Lo fundamental habita en un grano de arroz.»

Nunca puse interés en lo pequeño.

Lo minúsculo es tan volátil,

que se escapa entre los dedos.

Como lo ausente

se fueron, en un sólo parpadeo,

mis días enteros.

Estuve preocupado en atender lo trascendente,

escribir la biografía de las hormigas.

No escuché nada,

quizá porque nada quise escuchar

y nada vi con el nublado lente de mi lupa.

Permanece lo vacante;

del ocioso tejido del vacío

al estéril gris de los deseos.

Todo se evapora cuando la luz se aleja.

En En lo pequeño, César Raúl González Bonilla reflexiona sobre la fugacidad de lo minúsculo y la manera en que la vida se escurre entre los dedos sin que apenas lo notemos. Con un tono introspectivo y casi confesional, el poeta revela la negligencia hacia los detalles cotidianos y la obsesión por lo trascendente, que finalmente se disuelven en el vacío. El poema se convierte en un canto melancólico a lo efímero, a lo no visto, a esos instantes que se evaporan cuando la luz se retira y queda solo el silencio.

Tiempo de Invierno

César Raúl González Bonilla

Viene el invierno,
En tus ojos puedo ver
Indiferencia
 

El haiku presenta al invierno como metáfora de la frialdad emocional. A través de la mirada del otro, el yo lírico descubre indiferencia: una estación interna que refleja distancia afectiva y desapego. La sencillez de la imagen transmite el peso silencioso de la incomunicación.

Duelo

César Raúl González Bonilla

Cuando todo se ha perdido, nada se pierde.

Que se nuble mi cielo, que llovizne un poco

y que el sol se infiltre amordazado.

Sean las fisuras que el recuerdo deje

las formalidades que suelen llevar vestido negro.

Quien haya de estar triste, que se halle entristecido

y si alguien quiere celebrar, pues que celebre.

Son los protocolos que aplazan el olvido:

hoguera o tierra, aquí o en el viento.

Que cada quien viva su duelo y que invente su descanso.

Hay  que marcharse cuando todo finaliza

y el corazón decide no tener más movimiento.

Cuando todo se ha perdido, nada se pierde.

Me da igual  y no me importa.

El poema explora la aceptación serena y casi indiferente de la muerte y el desprendimiento. Con un tono sobrio y despojado de sentimentalismos, el hablante se desentiende de los rituales y las emociones ajenas, invitando a cada quien a vivir el duelo como mejor pueda o quiera. Se reconoce la inevitabilidad del final, cuando el…