La cortesía de los traidores

César Raúl González Bonilla

“Hay amores que mueren de frío”

El juramento de amor hasta la muerte

y la promesa de fidelidad:

uno, muerte recurrente;

la otra, corrompida en otras pieles.

La mentira cotidiana,

el desgaste compartido

—grietas, fisuras y derrumbe—.

Las miradas desconocidas,

la cortesía de los traidores,

y el frío tembloroso de la estancia.

Ella hablaba de lo eterno,

él de lo inmediato;

en medio —entre los dos— “ya no te quiero”.

La lealtad que agonizó de tedio,

encogida por la frialdad

del nido, ya vacío.

La ausencia de reproches,

—acaso la lividez del frío—.

El contrato terminado,

—y el frío amoratado, persistente—.

Él fue infiel,

ella desleal.

En La cortesía de los traidores, el amor se analiza con la serenidad de una autopsia moral. Dos promesas —la del amor eterno y la de la fidelidad— se corrompen por causas distintas: ella por tedio, él por deseo. El poema describe el lento enfriamiento del vínculo y la conversión del afecto en trámite, donde…

Desamor a mediodía

César Raúl González Bonilla

“Ya no te quiero. La vida contigo es como caer al vacío, creo que esto debe terminar”. Se lo dijo con frialdad porque era algo que los dos sabían. Se lo dijo sin rencor porque los sentimientos habían quedado atrás.  Estaban a punto de comer, pusieron la mesa sin cruzar palabras o miradas. El reloj se detuvo a la una y quince cuando un estruendo que brotaba desde el suelo los retornó de la ausencia. La fuerza del terremoto estremeció la pared, tiro vasos y jarrones. Se abrazaron con fuerza y trataron de avanzar hacia la puerta, cedieron entonces las losas y los dos cayeron al abismo. Los envolvió la obscuridad y quedó el silencio en los escombros. Y fue así como en ochenta segundos, la tierra decidió por ellos.

Porvenir

César Raúl González Bonilla

¿Qué será de mí cuando te vayas?

Quizás,

seré monje flagelante por un rato,

rumiaré mis errores y asumiré mis fallas,

cargaré una cruz y desgarraré mi espalda.

¿Qué será de mí cuando te marches?

Posiblemente,

recorrerás el pasillo hasta perderte

dejando una estela de reproches,

que llenaron nuestro espacio muchas veces.

¿Qué será de mí cuando te apartes?

Es seguro que te diga,

quédate allá, mejor no vengas

y empalágate de Arjona.

Perderé, de esta manera,

un pedazo de memoria,

me embriagaré de vida

y recobraré el silencio de la euforia.

Un poema irónico, melancólico y a la vez liberador. Mezcla el tono dramático inicial con un giro burlón (“empalágate de Arjona”), mostrando un yo lírico que, tras el dolor anticipado, se reencuentra con el gozo y el silencio. Tiene un pulso fresco y sincero. El poema explora el estado emocional de quien anticipa la partida…