César Raúl González Bonilla
“Hay amores que mueren de frío”
El juramento de amor hasta la muerte
y la promesa de fidelidad:
uno, muerte recurrente;
la otra, corrompida en otras pieles.
La mentira cotidiana,
el desgaste compartido
—grietas, fisuras y derrumbe—.
Las miradas desconocidas,
la cortesía de los traidores,
y el frío tembloroso de la estancia.
Ella hablaba de lo eterno,
él de lo inmediato;
en medio —entre los dos— “ya no te quiero”.
La lealtad que agonizó de tedio,
encogida por la frialdad
del nido, ya vacío.
La ausencia de reproches,
—acaso la lividez del frío—.
El contrato terminado,
—y el frío amoratado, persistente—.
Él fue infiel,
ella desleal.
En La cortesía de los traidores, el amor se analiza con la serenidad de una autopsia moral. Dos promesas —la del amor eterno y la de la fidelidad— se corrompen por causas distintas: ella por tedio, él por deseo. El poema describe el lento enfriamiento del vínculo y la conversión del afecto en trámite, donde…