Pescadores

César Raúl González Bonilla

«El mar duerme antes de volver a respirar.”

Cuando cae la tarde en el estero

barre el viento decembrino

el fastidio de las sombras alargadas.

Ya esperan las balsas en cardumen

beber la sal y alcanzar el horizonte.

Será mañana,

hoy descansan al vaivén de la resaca

rechinando suavemente la madera.

El cansancio lleva peces en la cesta

y sus huellas viajarán con la marea.

Hallarán la noche

arropadas por su manto de consuelo.

Será por la mañana

cuando despunte el día.

Las siluetas empapadas

tomarán las cestas,

remontarán el tremor del azul interminable

para descubrir de nuevo el horizonte.

El poema describe el reposo vespertino de las balsas en un estero tras la jornada de pesca. La tarde decembrina, el viento y el vaivén de la resaca acompañan el descanso de hombres y embarcaciones. Con un tono contemplativo, el texto celebra la quietud y anticipa el renacer del día siguiente.

Cambios climáticos

César Raúl González Bonilla

«El clima del alma también conoce estaciones”

El ecosistema dentro de mi cabeza es tropical. Es caluroso y llueve, llueve mucho casi todo el año. La llovizna de pensamientos es  pertinaz y eso causa que mis neuronas estén siempre encharcadas de sentimientos y que crezca mucha maleza de reflexiones inútiles. Esto entorpece las conexiones entre mis cerebros más antiguo y el más nuevo, lo que provoca que tomen control mis emociones y se paralice mi capacidad de decidir. En ocasiones hasta puede haber corto circuitos de ideas contradictorias. En la temporada de otoño se presentan tremendos aguaceros, que causan inundaciones y destrozos que requieren largos periodos de reparaciones. Los ríos de cavilaciones se desbordan y las aguas buscan su salida por mis ojos. Los muchos años que tomó  la construcción  de ciudades colosales de quimeras y pesadillas edificadas de manera absurda, han producido  últimamente un calentamiento y deterioro global, que se caracteriza por zonasdesérticas en las que hay tormentas de arena de tristeza y yacen sueños no realizados, que fallecieron por falta de agua y alimento. Ahí, la abrasadora soledad sofoca.

 

Un viaje introspectivo a través de un ecosistema mental tropical donde las lluvias perpetuas de pensamientos inundan neuronas y sentimientos. Entre tormentas, desbordes y ciudades de quimeras derrumbadas, emergen desiertos de soledad y sueños muertos por sed. Una metáfora íntima del desorden emocional y la fragilidad de la mente.

Retirada

César Raúl González Bonilla

 

¿Qué si estoy cansado?

Sí, me siento exhausto.

¿Qué si estoy derrotado?

Sí, me han abatido.

Pudieron los más

sobre los buenos,

faraones y príncipes

insulsos.

Los obtusos herederos,

ociosos productores de veneno,

tóxicos esquiroles del tiempo,

me han superado.

Este mi mundo es un burdel

donde se vende

al mejor postor ciencia e ingenio.

Me han desgastado.

No tuvo final feliz

esta película,

nunca llegaron los refuerzos esperados.

Que se pudran solos,

yo me retiro.

Requiero un descanso,

rearmar mis piezas,

conectar mis piernas,

ensamblar mis brazos,

juntar todos mis fragmentos

y curar, una a una, mis heridas.

Después de todo, amo la vida,

me niego a creer que todo es malo.

Hay que buscar,

porque hay talento,

no es muy tarde todavía.

Me queda tiempo.

 

 

El poema Retirada es un canto íntimo a la derrota y a la persistencia. El hablante reconoce su cansancio y el desgaste provocado por un mundo corrupto que mercantiliza la inteligencia y la virtud. Sin embargo, la voz poética no se rinde: busca recomponerse, sanar y reafirmar su amor por la vida.

Misiva

César Raúl González Bonilla

«En la soledad, el pensamiento es compañía.”

No tengo destinatarios.

No veo quién quiera recibir esta misiva,

ni creo que haya a quien le importe.

Una porque no puede oír,

otro, ya que no escucha

y la de siempre,

porque ya no está interesada.

Oídos atrofiados,

hipotálamos perversos,

afectos ausentes,

son los actores de esta broma

sarcástica que me da la vida.

Fina ironía,

puedo así escribir para mi mismo.

Soy alquimista.

Inventor por vocación, ese es mi oficio.

Puedo ver el bosque,

quiero ver las ramas,

escudriñar el fondo de las venas de las hojas

y sería feliz, si yo pudiera,

arrancarle a Dios una sonrisa.

Soy todo el cosmos

que se mira en el espejo

utilizando mis ojos, por un rato.

Me gusta el experimento,

sentir el sabor de mis fracasos,

ensayar,

hacer analogías, contrastar mis conjeturas.

descubrir los códigos

que utiliza el anciano creador del universo,

llegar a casa, tomar café

y contar

los resultados a mi perra.

Por eso escribo.

En Misiva, el hablante se dirige a nadie y a todos: una carta sin destinatario que se convierte en reflexión sobre la soledad, la incomunicación y el impulso creativo. El poema transita de la ironía al asombro cósmico; del desengaño humano al consuelo de la creación. El yo poético, alquimista de palabras, halla en la…