Reencuentro con Nicolás

César Raúl González Bonilla

Al morir, nos sembramos en la tierra.

Nos reencontraremos, Nicolás,

donde el dios del fuego,

señor de las estaciones,

nos tiene reservada una parcela.

En aquel universo horizontal

sembraremos maíz, Nicolás,

desde el otro lado del aliento.

Ahí, donde veremos crecer las raíces

de los cuatro árboles que sostienen a la tierra.

Será la mejor vista para presenciar

como germina el frijol.

Espéranos Nicolás, sin mucha prisa,

podremos curiosear

lo que ahora sólo imaginamos.

De nuestro cabello surgirán las flores,

de nuestra piel nacerán las hormigas

y serán los ojos nuestros, manantiales.

Estaremos cobijados por barro,

quedará sólo el barro

y beberemos, Nicolás, desde la noche,

la sangre del maguey hasta el hartazgo

y cantarás

desde el silencio, un poema.

Reencuentro con Nicolás es un poema ritual y profundo en el que César Raúl González Bonilla transforma la despedida en un canto de continuidad y esperanza. A través de imágenes que evocan la cosmovisión mesoamericana —el maíz, el frijol, el barro, el maguey— la voz poética promete un reencuentro con Nicolás en el horizonte sagrado donde la vida y la muerte se entrelazan.En ese universo horizontal, los…

La habitación del viejo

César Raúl González Bonilla

«El tiempo cabe en un corazón obstinado»

El universo de mi padre es diminuto,

transcurre entre una cama y un sillón de tela negra.

Sus noches son de tos y pulmones encharcados

que tratan beber un poco de aire.

Son sus mañanas de luz cortada

en rebanadas alargadas

y el protocolo interminable de pastillas.

El tiempo de mi padre es tan pequeño,

que se mide en instantes de lucidez de los sentidos.

Cinco relojes de pared

musitan como grillos que cantan en la noche

Son segundos fugitivos,

papel en una bolsa de desechos,

tabletas en periodos de seis horas,

un futuro propio que contemplo en su mirada.

El cuarto de mi padre es una playa

de oleaje de satín y de silencio.

Es apenas un rumor y balbuceo

que señala un verbo con el dedo.

Lo poco que vive en ese cuarto

es un corazón que se niega desistir

mientras oficio el ceremonial del lavado de su carne.

La habitación del viejo describe con ternura y dolor el mundo reducido de un padre enfermo. Su universo se limita a un cuarto y unos cuantos objetos: cama, sillón, pastillas, relojes. Entre el silencio y la respiración dificultosa, el hijo acompaña y cuida, contemplando su propio futuro reflejado en el padre.

Sin Antídoto

César Raúl González Bonilla

Suspirar es morir sin desaparecer

La serpiente me miraba con su lengua

olfateando el miedo.

Me sedujo el cascabel con su sonido

y la noche se perdió

en la hipnosis de sus ojos.

Se dedicaba a la caza

serpenteando sigilosa

a través de mis deseos

y quede paralizado.

Me invitó a tocarla.

La toqué

muy suave

en la húmeda cavidad de su veneno.

Me mostró sus fauces,

desfogó la lujuria a través de los colmillos.

Sentí el invierno ingresando en mis arterias.

Infiltró mis intestinos,

escuché licuarse mis tejidos.

Grité en el hondo pozo interior

de mis adentros,

pero Dios estaba ocupado en sus asuntos

mientras los hombres se anudaban la corbata.

Estuve entonces suspendido

tratando de bracear en un eclipse.

Me mató

y estuve muerto por un rato

Sin antídoto nos sumerge en un viaje oscuro y fascinante donde el deseo se convierte en veneno. La serpiente, figura arquetípica de la tentación, seduce al hablante hasta paralizarlo, llevándolo a una entrega hipnótica y letal. Entre imágenes de fauces, veneno y eclipses, el poema explora la atracción fatal que consume desde dentro y deja al yo poético suspendido entre la vida y la muerte.

Retorno

César Raúl González Bonilla

Se vuelve también a los lugares inventados.

Quiero regresar a los lugares donde jamás estuve, paisajes en ningún tiempo, caseríos que se alzan en la ausencia. Conversar con el heredero perdido en mi destino, escuchar con él la música que todavía no se compone, recuperar los recuerdos extraviados del abuelo y narrar lo que nunca fue, para que no se pierda para siempre.

«Retorno» es un breve poema reflexivo y nostálgico en el que el autor expresa el deseo de volver a lugares y momentos inexistentes, explorar paisajes imaginarios y convivir con recuerdos que nunca ocurrieron. A través de esta evocación, surge la intención de rescatar lo intangible y lo no vivido para preservarlo, creando una memoria ficticia…

Cuervos inapetentes

César Raúl González Bonilla

«No me comieron, los cuervos permanecen en mi cuerpo.«

No me comieron

-o no han querido comerme-,

los cuervos permanecen en mi cuerpo.

Entraron sin pedir permiso

cuando desayunaba cereal por la mañana.

Hicieron su nido entre mis sueños

y se asoman a través de mis costillas;

se entretienen con el tenue ruido de la sangre,

picoteando despacio desde adentro.

Beben de mi fiebre cuando pienso,

se dedican a hacer sus agujeros

entre mi bazo y mi memoria:

 dejando irritación y costras funerales.

Cuervos sin hambre, sin deseo,

que se sacian devorando lo que callo

y graznan la suave lengua del insomnio.

No me comieron

-o no me comen todavía-

en el silencio que me habita,

los cuervos negros de las sombras.

El hablante sobrevive a su propia carroña. Los cuervos no lo devoran, lo habitan: anidan entre sus órganos, beben su fiebre y se alimentan del silencio. En este cuerpo-conciencia, lo oscuro ya no amenaza desde afuera: permanece dentro, picoteando despacio desde el pensamiento y la memoria.

Tu sonrisa tiene

César Raúl González Bonilla

Toda sonrisa es profesía
 
Tu sonrisa tiene un lado obscuro,
insinuación apenas de la flama
oculta en la hojarasca.Sospecha del aliento
en el umbral del otro lado del espejo.
 
Es el rumor en el silencio de la noche,
la madrugada de Casitas,
palpitar del mar tranquilo
que no se cansa de acariciar la playa.

Hay una tenue invitación en tu sonrisa
a transponer el origen del rocío
para saciar la sed
y cabalgar en la grupa de la magia.

Tu sonrisa es un débil contorno del deseo,
sombra en la penumbra
a las seis de la mañana,
profecía de un amanecer desconocido.

Tu sonrisa tiene» es un poema intimista y sensorial que explora el misterio y la profundidad de una sonrisa que va más allá de lo visible. La sonrisa aquí se convierte en umbral, en invitación secreta a un territorio de deseo, magia y amanecer. Es un canto a la ambigüedad y la belleza oculta, al presentir algo más allá del reflejo, del silencio y del instante.

Circunstancias

César Raúl González Bonilla

Vivir es coleccionar despedidas

Extravié los días lluviosos de septiembre
y las tardes a la sombra de la higuera.

Un día los dejé desatendidos
con mi  infancia envuelta en los asombros.
Se desvaneció la mirada de mi abuela
y los juegos en el luminoso patio de su casa.

Supe alguna vez tocar una guitarra
y luego la arrojé al baúl de las banderas.
Olvidé ser joven y el placer de dialogar con los embrujos.

Desapareció mi novia adolescente.
Se evaporó el perfume de su piel
y dejé de verla en cada escaparate.

Desistí de ver a los amigos,
las pláticas con sabor a levadura.
Entonces olvidé ser grande
y perdí la condición de experto doctor de los ratones.

Mi mujer renunció a quererme cada día
y yo cesé de enamorarla por la noche.
Nuestros hijos crecieron a pesar de los insomnios
y se fueron mis  padres con la niebla.

Desertó la salud de mis arterias
y mis dientes huyeron uno a uno,
se murió mi perra y perdí un zapato.

Se retira el invierno y ya viene la noche inevitable.

Atesoro ausencias, mermas, quebrantos, deudas y faltantes

Un poema íntimo que recorre el inventario de pérdidas a lo largo de una vida: la infancia, el amor, la juventud, la familia y la salud; una reflexión nostálgica que retrata cómo las ausencias se convierten en el verdadero tesoro acumulado al final del camino.

Euforia

César Raúl González Bonilla

 

 

La muerte me sonríe… y yo le devuelvo el favor

Estoy feliz por antojo de alegría,

en ausencia de razones tengo un gozo secular,

es difícil de explicar, el saludable hedonismo.

Comenzando por el pelo

y concluyendo en los pies

a través de cada poro,

despido vapor de euforia.

Mis manos están contentas,

mis piernas viven dichosas

y corre por mis arterias,

en vez de sangre, delicia.

Hoy siento la efervescencia del vivaz metabolismo.

Con entusiasmo integral transcriben todos mis genes,

desde el prólogo tres prima,

hasta el prima cinco final.

Es un hecho concluyente

que no importan las pasiones,

hoy degusto el optimismo

y puedo hacerlo contigo,

con tu omisión y a pesar de tu presencia.

¿ A quién le atañe mi vida,

alguien llorará mi hasta nunca?

Detalles sin importancia,

hoy me fornico a la muerte

disfrutando su sonrisa.

El poema celebra un estado de euforia absoluta e inexplicable, una alegría espontánea que invade cada célula del cuerpo. El yo poético experimenta un gozo vital que no depende de nadie ni de nada, incluso desafía a la muerte con desparpajo y sensualidad, transformando el júbilo en una afirmación radical de la existencia.

En la convención

César Raúl González Bonilla

 

En el incómodo diván de arena movediza

con su rojo respaldo lastimado,

intrigan los minutos en mi contra.

Que amplia es la estancia y cómo se dilata

donde está la multitud y se encuentra el alboroto.

Con el piso de loseta fulgurante

y las líneas que convergen en el fondo

entre grises sueños diagonales,

yo sentado en este diván de piel enferma y roja.

Aquí soy un lugar tan alejado, sin dudar tan alejado.

En la pared hay un lienzo gigantesco

que trata de evocar una manzana

pero sólo es tela desgarrada, envejecida

En el corazón del rumor hay un murmullo,

prisionero que se deja escuchar en la afonía.

El silencio apenas balbucea,

es un imprudente lamento enflaquecido.

Ellos, en grupos de diez o cinco,

organizan el volar de los insectos,

yo sentado trato de encontrar en el techo alguna nube,

en el incómodo diván de arena movediza.

 

Un yo lírico se siente aislado y profundamente ajeno mientras observa desde un incómodo diván rojo una convención bulliciosa; rodeado de ruido, imágenes desgastadas y un ambiente asfixiante, reflexiona sobre su distancia existencial y emocional, sumido en la soledad y el extrañamiento.

Duelo

César Raúl González Bonilla

Cuando todo se ha perdido, nada se pierde.

Que se nuble mi cielo, que llovizne un poco

y que el sol se infiltre amordazado.

Sean las fisuras que el recuerdo deje

las formalidades que suelen llevar vestido negro.

Quien haya de estar triste, que se halle entristecido

y si alguien quiere celebrar, pues que celebre.

Son los protocolos que aplazan el olvido:

hoguera o tierra, aquí o en el viento.

Que cada quien viva su duelo y que invente su descanso.

Hay  que marcharse cuando todo finaliza

y el corazón decide no tener más movimiento.

Cuando todo se ha perdido, nada se pierde.

Me da igual  y no me importa.

El poema explora la aceptación serena y casi indiferente de la muerte y el desprendimiento. Con un tono sobrio y despojado de sentimentalismos, el hablante se desentiende de los rituales y las emociones ajenas, invitando a cada quien a vivir el duelo como mejor pueda o quiera. Se reconoce la inevitabilidad del final, cuando el…